viernes, 11 de mayo de 2012



                                        PELICULAS MAGICAS
                                        DER LETZTE MANN
                                        ( El último) F W Murnau  1924



Durante los 20 se estaba realizando en Alemania, si no lo mejor, sí lo más interesante, desde el punto de vista artístico, de la cinematografía mundial, algo universalemnte reconocido por historiadores y estudiosos, sean del signo que sean. El "expresionismo alemán" como es reconocido en el mundo culto, descendiente de las corrientes artísticas de la década anterior, ocupa unn capítulo completo en todas las historias del arte del siglo XX, el cinematográfico; en pocas ocasiones, aunque no sea la única, se han reunido tan gran cantidad de talentos, artísticos, intelectuales y financieros para la promoción de una industria en la que el arte debe tener absoluta prioridad. La ya vieja Europa arrastraba siglos de crisis, crisis que había sido encumbrada en la última guerra, la primera mundial, lacerando especialmente al país germano, impulsor de esa guerra y poseedor de una de las más amplias culturas de un continente que, desde sus orígenes en Grecia, habia sido la madre de la sabiduría occidental.                                                  
               Debe ser cierto aquello de que los momentos críticos avivan el ingenio porque, dejando aparte otros campos y centrándonos en el que nos interesa, el cine, nombres como los de Lubitsch,Wiene, Leni, Lang o Murnau, por citar a los más reconocidos, se encontraban establecidos en Berlin que por aquella época conoció su último florecimiento y, entre los estudios de esta ciudad y los de la capital de Baviera, Munich, enclave cinematográfico de gran importancia, engendraron una obra indispensable que honra a la cinematografía universal.
                Todos acabaron en los Estados Unidos, comprados por el brillo dorado del dolar, primero y obligados por el terror nacionalista, unos años después  y contribuyendo con su talento a hacer mucho más poderoso aun al que había de ser el más importante de todos y, en alguna época, casi el único, el Cine Americano.
               F W Murnau tal vez sea entre todos ellos, el más artista; sus películas, las pocas que nos han quedado, complementan perfectamente la parte artística, la forma, con la intelectual, el fondo que, pensamos, es la manera de entender un arte que es preferentemente plástico. En los años 20 el cine era aun muy joven y todavía no tenía necesidad de ser original, algo de lo que abusó cuatro décadas después; entonces había mucho que descubrir con lo que la tal originalidad no era difícil de lograr.
             Con "Nosferatu", versión furtiva del Drácula de Bram Stoker, había contribuido a cimentar los pilares del estilo expresionista.Cualquiera de sus adaptaciones de clásicos literarios, "Tartuf" (1925)"Faust" (1926), serían dignas de ocupar puestos de honor en esta antología pero a la hora de elegir una película mágica entre las suyas, no resulta difícil quedarse con "El último" porque es seguramente la que reune más condiciones para serlo.
                La historia, melodramática en la más pura acepción de la palabra, cuenta las desdichas de un viejo portero de un gran hotel al que se le relega de su puesto para ser enviado a los lavabos, asestándole la mayor de las ofensas, consistente en la degradación que representa el que se le despoje de su más que amado uniforme, prenda ostentosa, llena de galones y botones dorados que evocan a la rancia tradición militarista prusiana, el emblema que le hace ser respetado en su barrio y admirado por su familia lo cual le induce a robarlo para ponerselo a la salida y entrada del trabajo y guardarlo en la consigna de una estación, mientras  permanece en su nuevo empleo. La incompresible incomprensión de su familia, la desgracia ocurre el día de la boda de su hija, unida al escarnio de la vecindad y la mezquindad de sus serviles compañeros, multiplican el drama y hacen que el pobre viejo vuelva a su trabajo donde muere de pena y humillación a la puerta de los urinarios.
                Pero la película tiene un epílogo imposible que la hace aun más patética y es porque, aparte de que se nos aclara en el único rotulo que posee a lo largo de sus noventa minutos de duración, sabemos que ese final feliz no es real, que se trata solamente de un sueño irrealizable de todos aquellos que se encuentran en la misma situación del protagonista.
                Karl Mayer firma el guión, Karl Freun la fotografía y Emil Jannings, el primer oscar de la historia, la protagoniza; muchos nombres "de peso" para una obra que merece estar en la colección de cualquier verdadero amante del séptimo arte,
                

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