martes, 29 de mayo de 2012
EL ARTISTA Y SU OBRA
JOAN MANUEL SERRAT
A lo largo de los tiempos siempre ha habido "artistas" que, bien por ellos mismos bien empujados por sus promotores, se ha montado en el tren de la abundancia, el que transporta a los que siguen al poder vigente, para con ello paliar sus carencias y sacar partido de una situación que pueda favorecerlos; así hemos visto a bailarines que salen al escenario a hacer gimnasia, "cantaores" que berrean, escritores gacetilleros que le "lamen el culo" a los conductores de ese tren o pintores, músicos, actores y demás que ante un público ingenuo y en la mayoría de los casos, falto de criterio, pasan por egregios y mueren en olor de multitudes, llevándose con ellos monumentos, placas de calles y hasta edificios oficiales con su nombre.
No es ese el caso, aunque para algunos pueda parecerlo, del señor Serrat que, en el supuesto de que a un artista hay que juzgarlo por su obra, él es poseedor de una larga lista de poemas con música que, no solamente marcaron una etapa importante en nuestra cultura, sino que sirvió de escuela para muchos que posteriormente sacaron partido de él.
En una época, los 60, en la que empezábamos a estar marcados por el agresivo marketing anglo, sus canciones en las que se nos hablaba de personajes reales, la tieta, el drapaire, els vells amants, el tío Alberto.... o situaciones vividas. De mica en mica, No hago otra cosa que pensar en tí..... en exposiciones que no pretendía arreglar el mundo sino simplemente, dejar constancia de ello, fueron unos relatos que hablan por sí solos y que quedaron ahí en la memoria de los que sinceramente lo seguían.
Tal vez hoy no tenga poder de convocatoria para llenar por sí solo uno de esos mamotrétícos escenarios a los que acude la masa a encender velitas y escuchar lo que le "echen" y por eso tenemos que soportar el verlo con "macarras", cursis, catetos u "horteras" paseándose por tales escenarios. Pero a pesar de ello, que conste que su categoría está muy por encima y que con eso no hace más que demostrar que el artista verdadero puede mezclarse con la chusma sin por ello perder un ápice de su mérito
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