viernes, 26 de octubre de 2012
lA FAUNA IBERA PEDRO RUIZ
Estoy convencido de que Charles Darwin, antes de decidirse a lanzar su teoría sobre los orígenes de la especie humana, había conocido a algún personaje con las características físicas de este del que aquí se trata y que eso fue lo que, viendo la poca evolución, le sugirió la idea de hacerlo, teniendo en cuenta que la herencia genética es precisamente en la faceta física en la que se manifiesta.
El personaje en cuestión, uno de tantos que pululan las calles del mundo pero sin darse a conocer, es famoso o célebre porque en un momento determinado tuvo cierto éxito en la televisión, un medio para el que precisamente y con las consabidas excepciones que confirman la regla, es harto conveniente presentar unas características parecidas; son miles los nombres que a lo largo de su historia, desde un Jesús Hermida hasta ese tal Vazquez que emborrona ahora todo lo que toca en una cadena de mucha audiencia, han formado las listas de pequeños monstruos que, de una manera fácil, metiéndose en las casas de la gente gratuitamente, consiguen una notoriedad que de otro modo, a fuerza de mérito, les hubiera sido imposible.
El éxito los envanece y algunos, los más torpes, llegan a creerse hasta importantes; todos acaban cayendo, unos más otros menos, intentando mantenerse de la forma que sea y algunos, como el que aquí se trata, intentando sacar partido del falso mito que se forjó en sus tiempos esplendorosos y de gloria, lo del "genio" intelectual, ingenioso y trascendente.
Todo mediocre, a no ser que sea excesivamente obtuso, es consciente de sus carencias, siempre lo he creído, tratando de disimularlas bien rodeándose de gente inferior a ellos, bien intentando ser "original", diciendo una serie de sandeces y boberías sin saber, su cortedad se lo impide, que el que es de verdad diferente, no solo no hace alarde de ello sino que intenta disimularlo porque conoce los problemas que ello puede acarrearle. El fantoche, que ya no tiene cabida en su hábitat soñado, la televisión masiva, perdiendo el culo por salir en ella, se presenta en cualquier cadena, o emisora, de esas muy politizadas y de las que en otros tiempos hubiera renegado pero, eso sí, dejando muy claro que él no tiene ideas políticas ni cree en nada ni en nadie ni en si mismo con lo que consigue que algunos le rían la gracia porque, desgraciadamente, son muchos los que están dispuestos a creer, sobre todo aquellos que no tienen muy buena relación con el espejo, que para ser listo, inteligente y maestro hay que tener una cara de esas que te hacen cambiar se sitio cuando se colocan frente a ti en el metro.
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